Entrevista
 

 1. Llegar tarde

Parece tan obvio que se podría pensar que no hay necesidad de volverlo a recordar. Sin embargo, llegar tarde sigue siendo el principal error que se comete en la entrevista de trabajo. Convéncete: no hay excusa capaz de remontar esta metedura de pata. Si no lo has podido evitar de ningún modo, llama antes de llegar para avisar de la demora.

Para impedir que suceda, fija en tu mente la hora de la entrevista 30 minutos antes. Si luego todo se da bien y llegas con demasiada antelación, aprovecha para dar un paseo por los alrededores o para entrar en una cafeteria y pedir una tila.

2. Despreocuparte de la indumentaria

No se trata de cambiar tu forma de vestir e ir disfrazado a la entrevista. Dentro de tu estilo, seguro que encuentras la manera de ir adecuadamente al encuentro. Solo es necesario que prestes atención a este punto, especialmente si eres una persona que se preocupa poco por su aspecto.

La clave es no dar la nota, que tu atuendo pase a un segundo plano. Estos consejos te ayudarán a decidir qué te puedes poner para una entrevista de trabajo.

Según Rebeca Ávila, de Working Outfits: “Una buena imagen profesional es importante en cualquier trabajo pero además está demostrado que son muchos los beneficios que nos puede aportar profesionalmente cuando nos sentimos bien con nuestra imagen: autoconfianza, seguridad en uno mismo y en nuestras posibilidades, bienestar, motivación…”. Además, esta experta añade: “Conseguir una buena imagen profesional no es necesario tener ni muchas prendas en el armario, ni mucho dinero, ni tiempo libre. Con orden, planificación y siguiendo un sencillo sistema, es solo cuestión de voluntad conseguir la imagen que queremos para nuestra vida profesional”.

Dependiendo del tipo de empresa y puesto donde tenga lugar la entrevista, el look que se pueda llevar será más o menos casual. Es interesante investigar el dress code, es decir, cómo visten los empleados de la empresa en la que te entrevistan para ir acorde y no pasarse de elegante o no llegar. Las empresas más jóvenes, startup o creativas suelen utilizar un código más informal, y en las más grandes, tipo consultoras impera el código formal: traje, líneas rectas, colores planos y discreción. Como consejo general para el momento de la entrevista habrá que ir siempre un grado más elegante que en una situación normal.

Prendas discretas ante todo

En general para la entrevista elige colores claros y lisos para camisas y blusas. Ante la duda descarta los tejidos estampados, te asegurará un aspecto elegante. Transparencias, escotes o cortos de falda de vértigo déjalos para otros momentos en los que la primera impresión no pueda ser tan decisiva como lo es en una entrevista de trabajo. El pantalón debe ser siempre largo, independientemente de la época del año. Si eliges ponerte corbata opta por colores lisos y formas neutras (ni demasiado anchas ni demasiado estrechas). Comprueba que el color de este accesorio combina con el color del resto de la ropa y pregunta en tu entorno si no lo ves claro.

Evitar exceso de joyas y disimular piercings y tatuajes

Durante una entrevista de trabajo interesa que lo que resalte sea tu formación y experiencia profesional. Un look demasiado llamativo invita a tu interlocutor a formarse una idea inmediatamente y sin haber empezado a hablar. Esta imagen puede ser positiva pero también negativa. En este caso interesa no arriesgarse a que quien hace la entrevista  se lleve una impresión poco favorable nada más empezar debido solo a tu atuendo. Aunque los tatuajes están ya muy aceptados, y probablemente tu entrevistador lleve varios, lo mejor es que no se vean a la primera para no dar ya de entrada una idea preconcebida. Pueden esconderse debajo de camisas con mangas largas o medias un poco más oscuras.

Informal pero sin desaliño

Si te has decidido por un look más informal para realizar la entrevista, cuida que todas las prendas estén en perfecto estado: limpias, sin manchas, planchadas, con todos los botones en su sitio y las cremalleras comprobadas para que no nos jueguen malas pasadas.

Según explica Ávila, “la gente asocia la imagen exclusivamente a la ropa. Craso error. Todo comunica nuestra imagen. De ahí que cuando trabajes tu imagen es recomendable que prestes atención no solo a la elección de la ropa (al estilismo),  también a los complementos, el peinado, el maquillaje, la manicura, la actitud, la educación, tu presencia online… Piensa siempre en tu imagen de manera integral”.

El aspecto de la ropa da información muy inmediata sobre cómo eres. Si el entrevistador percibe que se ha puesto cuidado en el atuendo le llevará a pensar que eres una persona consecuente con las situaciones. Un aspecto desaliñado puede sugerir desinterés.

Peluquería y cosmética

La barba se ha impuesto. Bien recortada y cuidada puede ser una buena tarjeta de presentación. Es importante que el pelo se vea limpio y peinado. Si sueles llevarlo teñido cuida de que no te haga falta un repaso. Si llevas perfume procura no ponerte en exceso, es probable que juegue en tu contra si al entrevistador no le gusta el aroma. Muchas veces en las decisiones que se toman entran en juego aspectos que no son objetivos de la entrevista. Elige un maquillaje natural que te favorezca pero que no sea llamativo, un maquillaje suave, de día y poco recargado.

Sonríe, es el mejor traje

Tener una actitud amable durante la entrevista, sonriente (sin exceso) y agradecer el paso o mirar a los ojos con franqueza o dando un apretón de manos firme pero cálido es lo que mejor te sentará. Cuida tu lenguaje y que sea cercano pero sin caer en un exceso de confianza. Preparar todos los detalles con esmero antes del día de la entrevista te aportará confianza y seguridad.

3. Descuidar la postura

A veces uno puede llegar a centrarse tanto en contestar adecuadamente y dar buena imagen que se olvida de una parte fundamental, su propio cuerpo. Durante una entrevista no podemos mantener por mucho tiempo la atención en nuestra postura, sin embargo conviene que no adquieras un gesto que cause rechazo en los reclutadores. Por eso te aconsejamos ensayar antes y tratar de dominar los errores que se pueden derivar de tu lenguaje corporal.

4. Preguntar por el sueldo

Cuando acudes a una entrevista, estás hablando con tus interlocutores en calidad de candidato. Ellos posiblemente no son los empleadores directos y tú no eres todavía trabajador de la empresa. En muchos casos puede que ellos incluso desconozcan el detalle de las condiciones económicas. No es el momento para negociar un sueldo, porque no se ha producido ninguna oferta por parte de la empresa. Los reclutadores pueden valorar muy negativamente que saques el tema.

Ahora bien, si son ellos los que inician la conversación, debes prepararte para contestar convenientemente.

  • El valor de tu CV en el mercado. Tus años de experiencia y conocimientos, qué aspectos aportan un valor que te diferencia del resto de candidatos y qué peso (traducido al salario) puede tener esto sobre las necesidades de la empresa.
  • Tu salario anterior. Seguro que habrás analizado en numerosas ocasiones si era suficiente el salario que estabas cobrando. Puede ser un buen punto de partida o referencia para negociar el nuevo salario.
  • El tipo de empresa. En este apartado es importante estimar qué pueden ofrecerte. Si es una empresa en plena expansión o una de reciente constitución. Una pyme o micropyme o una gran empresa. Sopesa si para el puesto tu perfil es muy necesario o sois muchos optando por el mismo puesto.
  • Tus necesidades. Hipotecas, colegios y otros gastos inevitables o a los que no se puede renunciar. Tenlos en cuenta para establecer un mínimo del que no se puede bajar.
  • Tu situación personal. Saber si tu situación personal te permite ser más paciente con una remuneración que pueda mejorar con el tiempo o si el momento en el que te encuentras te permite seguir buscando en caso de que no puedan ofrecerte más.
  • Las exigencias y beneficios del puesto. Disponibilidad, si se cumple con el horario. Tiempo de desplazamiento en coche, en transporte público. Medidas de conciliación, pagos en especie, ambiente laboral, reputación de la empresa en el sector. Además del sueldo en dinero contante y sonante también tienes que valorar el salario en especie o el “emocional”.

Las tres cifras mágicas que te guían en la negociación

Con todas estas cuestiones en la cabeza ya tendrás al menos tres cifras. Un límite máximo, uno mínimo y uno intermedio. Llegada la hora de hablar del tema, tenlas en cuenta para que te sirvan de guía en esta negociación. Y además:

  • Deja que sea el entrevistador quién plantee el tema. Si no se produce y abre la posibilidad de que hagas alguna pregunta puede ser un buen momento para que tú la propongas.
  • Prepara tus tres cifras en bruto y en neto. Y en anual o mensual. Estas cuestiones son importantes porque las retenciones variarán de los primeras nóminas a las del año siguiente. El precio en bruto entrarán también las pagas sin tener que pensar si son o no prorrateadas. Además el salario en bruto y anual te facilitará comparar las cifras.
  • Sugiere el salario siempre en intervalos razonables, sin dar cantidades fijas. Por ejemplo entre 1.300-1.500 € (brutos o netos, es esencial).

Algunas herramientas te ayudarán a conocer qué salarios se están pagando en el sector en el que te mueves.

En cierto modo los cambios en el mercado laboral, en el que actualmente se dan más escenarios de negociación de retribuciones y salarios, han hecho que se adopte una actitud más responsable con el dinero y la profesionalidad y este tema no resulte tan espinoso de abordar. La clave está en tratarlo con naturalidad y llevarlo muy preparado de casa.

5. Que te pierda la indiscreción

Criticar con desconocidos no está bien visto durante una entrevista de trabajo. Las lecturas que extraerán los reclutadores si criticas a tus anteriores empresas pueden ser muy variadas y prácticamente ninguna te beneficia. Desde que tienes un carácter rencoroso y poco objetivo hasta que no te importa reducir la reputación de alguien si esto beneficia a tu imagen.

En un primer encuentro no hay tiempo para explicaciones complejas y matizaciones. Para evitar malos entendidos, trata de no hablar negativamente de tus excompañeros, de las personas que han coordinado tu trabajo o de las dinámicas poco acertadas de los sitios donde has trabajado anteriormente.

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